Vivo en La Reina. Un lugar donde aún se instalan varias ferias libres. Lugares donde se compra mejor fruta y verdura que en el supermercado y a un mejor precio. Cerca también, ya en Peñalolén en Arrieta se instala una feria aún mejor, muy larga y con mucha oferta y precios mucho más económicos, a la que además se le adosa una feria de las pulgas que congrega visitantes de todas las comunas. La simpatía y picardía de los feriantes alegra el día, entre “Mi Reina” y otros piropos buscando nuestra atención, ellos se las ingenian para pregonar su mercadería con ingeniosas frases y poéticas exclamaciones. Un lenguaje coloquial y claramente popular nos rodea en un ambiente multicolor, ruidoso y hasta estridente.

Curioso fue, al pasar por el parque que bordea la avenida Escrivá de Balaguer, al lado del río Mapocho, en plena comuna de Vitacura, ver una feria instalada allí, una especie de galpón de estructura metálica y techo de lona plástica. En la entrada ví una chica rubia y atractiva que llevaba en un brazo la sillita de bebé y en la otra un canasto de mimbre con frutas y un Baguette….¡Un baguette!….¿venden acaso Baguettes en esa feria? Claramente estaba en una feria de otra calidad así que curiosa entré pensando que se me ofrecerían una sinnúmero de buenas vistas para mis croquis de Ferias Libres de Santiago de Chile.  Lo divertido era cómo cambiaba el lenguaje de los feriantes. Más calmado, mejor modulado y pronunciado…y los chistes y los gritos destemplados no existían….unos corteses y muy amables ¿en qué puedo ayudarle? ¿Qué anda buscando Señora? y conversaciones atentas con las caseras, con un vocabulario mejor pronunciado y sin erres ni haches arrastrada

Los precios me interesaron…comparar el precio de las verduras y frutas en las distintas comunas. Claro, los precios efectivamente eran más elevados. Pero también la calidad de la mercadería era superior. Las manzanas gigantes, las mandarinas también…todo escogidísimo para una clientela que puede pagar más por mejor calidad. Tanta oferta me dio hambre y antes de sentarme a dibujar quise comprarme unas mandarinas….eran hermosas, grandes, jugosas y tentadoras. Elegí cuatro y pedí me las pesaran: $ 1400…Rápidamente las devolví…elegí una manzana, gigante, roja, apetitosa…$450. Una cifra que me pareció excesiva pero que accedí a pagar porque esa manzana realmente pedía comérmela y con su tamaño me quitó el hambre por un buen rato.

Caminé por los puestos y elegí sentarme al lado del puesto de flores…lo que hacía que me confundieran con la vendedora pues al comienzo nadie parecía reparar que estaba dibujando. A medida que avanzaba el dibujo, comencé a sentir “presencias” trás de mi y cuando estaba por terminar ya se animaron a hablarme y preguntarme. Me daba curiosidad saber quienes eran estos feriantes que se instalaban en Vitacura. Los chacareros de las Condes me dijeron….Les mostré el Dibujo de la Feria libre de Tobalaba en la comuna de Reina y reconocieron al feriante que yo había dibujado pues se instala con ellos en La Feria de Bilbao, “¡El José Luis!” exclamaron y todo fue risas y bromas…

Al final, me alegré que los mismos chacareros se den vuelta por Santiago, marginen más o menos dependiendo del lugar y de las capacidades económicas del sector, se adapten a las características de su clientela siendo claramente “transversales” y vivan bien con un oficio que sin duda es un aporte a la cultura, al Patrimonio Vivo, a la identidad, a la salud y a las relaciones pues ir a una feria nos hace interactuar con los vendedores y con otros clientes, no es lo mismo comprar fruta allí, recomendada y embalada, que te lleven las cosas al auto, que se rían contigo o te pregunten por la familia, que ir al supermercado, donde aparte de encontrar fruta dura o madurada en refrigeración y claramente más desabrida y cara y donde vamos solos y salimos solos y a veces, sólo a veces, vemos a las personas reales que están tras el mostrador.